Cambio climático, seguros paramétricos y sequía

Mientras los artículos sobre la DANA de 2024 se centraban en daños ya ocurridos y en la respuesta del seguro tradicional ante la catástrofe, hay otro fenómeno climático que avanza de forma más silenciosa pero igual de pertinaz en nuestra provincia: la sequía. Y frente a ella, el sector asegurador está desarrollando una herramienta que funciona de forma radicalmente distinta al seguro de toda la vida: el seguro paramétrico.

El seguro paramétrico representa un cambio de paradigma que todo mediador de Castellón debería empezar a conocer: ya funciona en España en el sector agrario desde hace más de una década, se está expandiendo con fuerza en el sector hotelero mediterráneo, y encaja de forma natural con una provincia que combina explotaciones ganaderas de secano, un litoral turístico expuesto al cambio climático y una situación hídrica que, a día de hoy, sigue en niveles preocupantes. No sustituye al seguro tradicional, pero sí ofrece una velocidad de respuesta que, en un contexto de sequía prolongada, puede marcar la diferencia entre una explotación o un negocio que resiste y otro que no.

 

La sequía, un problema que ya está aquí

No hace falta ir muy lejos para entender la magnitud del problema. Según los últimos datos del Ministerio para la Transición Ecológica, a principios de julio de 2026 los embalses de la provincia de Castellón se encontraban al 53,39% de su capacidad (118 hm³), en un contexto de asimetría hídrica muy marcada dentro de la propia Comunitat Valenciana: mientras Valencia resiste al 56,27% y Alicante ha perforado ya la barrera del 47%, el conjunto del sureste español encadena una pérdida constante de reservas semana tras semana.

No es un fenómeno nuevo. Ya en 2024, antes de que la propia DANA de octubre alterase por completo el mapa hídrico de la región, la sequía había obligado a medidas tan extraordinarias como la extracción de peces de embalses castellonenses como el de Ulldecona o el de María Cristina, para evitar mortandades por la falta de oxígeno en el agua.

 

Qué es exactamente un seguro paramétrico

A diferencia del seguro tradicional, que indemniza en función del daño real evaluado por un perito tras el siniestro, el seguro paramétrico se activa automáticamente cuando un índice objetivo predefinido —la cantidad de lluvia acumulada, la velocidad del viento, la temperatura o un índice de vegetación por satélite— supera un umbral pactado de antemano. No hay que demostrar el daño concreto: basta con que se cumpla la condición del parámetro. Esto permite una respuesta mucho más rápida, porque no es necesario evaluar el terreno caso por caso.

Esta rapidez tiene una contrapartida que conviene explicar bien a cualquier cliente interesado: al no cubrir el daño específico sufrido, sino un índice objetivo, puede darse el caso de que la indemnización no coincida exactamente con la pérdida real, o que un evento dañino no llegue a activar el pago si no supera el umbral acordado. Por eso el propio sector insiste en que el seguro paramétrico debe entenderse como un complemento del seguro tradicional, no como su sustituto.

Lo interesante es que España no está esperando a que esta tecnología madure, porque ya tiene un producto paramétrico plenamente integrado en el sistema oficial de Seguros Agrarios Combinados, con más de una década de recorrido. Se trata del seguro de compensación por pérdida de pastos, gestionado por ENESA y Agroseguro, que no evalúa el daño finca a finca, sino que mide el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI) obtenido por teledetección satelital —a través de los sensores MODIS que vuelan a bordo de los satélites Terra y Aqua de la NASA— y compara el estado real de los pastos de cada comarca con la media histórica de la serie 2000-2017.

Cuando el índice de vegetación actual de una decena cae por debajo del índice garantizado para esa zona homogénea de pastoreo, se declara automáticamente la existencia de daño y se indemniza según el nivel contratado, sin necesidad de peritación individual sobre el terreno. Este modelo demuestra que el seguro paramétrico no es una promesa futurista, sino una tecnología ya validada y en funcionamiento real en el sistema agrario español, aplicable en principio a explotaciones ganaderas de la provincia con superficies de pasto, y que podría inspirar coberturas similares para otros cultivos sensibles a la sequía.

 

El turismo costero

Fuera del ámbito agrario, el sector que está impulsando con más fuerza los seguros paramétricos en España es, sorprendentemente, la industria hotelera, que entiende que estos productos ya permiten cubrir situaciones que el seguro tradicional no atiende, como la llegada masiva de sargazo a las playas o las cancelaciones de reservas derivadas de alertas meteorológicas adversas.

Este enfoque encaja de forma natural con la Costa Azahar, y establecimientos hoteleros de Benicàssim, Oropesa, Peñíscola o Vinaròs podrían beneficiarse de coberturas paramétricas frente a olas de calor extremo, sequía prolongada que afecte a la disponibilidad de agua para piscinas y jardines, o episodios de mala calidad del agua de baño, con pagos rápidos que no dependen de una tasación posterior al daño.